SI DIGO LA VERDAD...¡MIENTO!


En nuestro interior todo aquello que en algún momento nos significa tristeza y/o hechos que nos causaran felicidad y alegría, a cierta altura de nuestra vida comenzamos a revivirlos en nuestros recuerdos.

Es ahí cuando nos aparecen las imágenes y palabras que reflejan personajes reales, dignos exponentes de un época en la que a falta de medios de comunicación masiva, lejos de Cines o teatros, utilizaban a su modo como forma de vida un envidiable sentido del humor, hecho posible en cualquier lugar o momento transformándose sin saberlo en potenciales actores, sin importarles la opinión que pudiera poner en tela de juicio su propia cordura o la veracidad de los expuesto.

Esta manera de ser deja bien en claro un verdadero estilo, transparente, audaz con una sublime mezcla entre la picardía y la inocencia, desarrollando así un antídoto a las carencias de esos duros tiempos.

Vaya a ellos este humilde y pequeño homenaje de quien siente en lo más profundo, agradecer a Dios haber crecido viviendo esta inolvidable experiencia, enriqueciendo mi espíritu con esa inmensa cuota de humor al que recurro en los momentos difíciles como escudo frente a situaciones adversas.

Si digo la verdad Miento conferencia prensa

Conferencia de Prensa y presentacion del libro en Sala Independencia de la casa de la Cultura de la ciudad de Carmelo R.O.U Dpto de Colonia

Gala en teatro Uama

Recibiento a la delegacion artistica cultural dque acompañara al escritor desde Argentina mas precisamente desde Zarate y Campana junto a las autoridades de ese Municipio como representantes de la Prensa regional.

Presentacion Si digo la verdad miento en Carmelo 1999

Prsentacion del libro en la ciudad de Carmelo que diera origen el las historias de sus personajes

Velocidad Sin Límites

Maturo pasaba una y otra vez mientras realizaba las tareas diarias en su campo, frente al Ford “T” estacionado debajo de la media agua que sobresalía del galpón principal, fijaba su vista en ese vehículo, herencia de sus abuelos al que conservaban con entrañable cariño por los recuerdos felices que representaban el viejo y querido Ford “T”.

Todo esto a medida que el tiempo transcurría, se mezclaban en sus pensamientos con los recuerdos de los triunfos que en aquella época pasaba, marcara en cada carrera el popular volante y preparador local, el gran maestro “Cha”, de quien Maturo no se perdía carrera, sumándolo a las hazañas relatadas por las radios Argentinas domingo a domingo de esos grandes del automovilismo a los que, mate en mano, escuchaba en la radio a baterías acercando el oído como para no perderse acontecimiento alguno.

Poco a poco tomaba cuerpo la idea de transformarse también él en émulo de esos grandes, y el medio que lo proyectaría a la fama se hallaba plácidamente debajo de la media agua del viejos galpón, reposando de tantos años de servicios sin pensar que pronto sería participe de la empresa ideada por Maturo en sus sueños de futuro campeón del automovilismo, con la potencia que surgiría de su motor preparado para recibir todas las banderas a cuadros que se cruzaran en el camino, se transformaría en un león de la ruta.

El día del tal decisión llegó por fin, luego de terminara una audición radial en la que el débil “Speaker”[1] a cargo del programa, relata la hazaña inigualable del corredor mas famoso de la República Argentina. Habiendo apagado la radio y ya con la comida servida en la mesa, su Sra. percibía que algo su marido se traía en mente.

Como las miradas hablaban, Maturo decidió contar su proyecto a fin de ser aprobado familiarmente, y para el que como siempre, contaría con la incondicional colaboración de su hermano Agustín quien tenía su casa distante a 300 metros.

Comenzó la preparación previa desalojo de dos ponedoras afincadas en el viejo Ford decididas a enfrentar a quienes sin intimación previa alguna cometieran semejante atropello. Estos eran nada mas ni nada menos que Maturo y Agustín, dispuestos a transformarse en victoriosos campeones y galardonarse con coronas de Laurel al cuello, y tradicional copa en alto, que ya saboreaban anticipadamente en sus pensamientos triunfales.

Fueron meses de ardua labor la tarea de preparar la máquina. Dejando vacas a medio ordeñe con terneros agradecidos, pastizales que comenzaban a ocultar la casa y Sras. refunfuñastes reclamando más presencia en diarias obligaciones de estos maridos llamados a pretendidos futuros deportistas.

Pasado el tiempo necesario, al fin rugió lanzando bocanadas de fuego de sus escapes mientras los hermanos esbozaban una sonrisa cómplice, habiendo llegado el momento donde se comprobaría la potencia lograda por estos dos hombres de campos venidos automivilistas.

Por fin llegó el día de la prueba, justamente con el comienzo de carnavales en el pueblo a unas 3 leguas [2] de donde vivían los hermanos y donde enfilarían a pegar una vuelta pa´blandar el motor y tomarle la mano al volante frente a las velocidades que se alcanzarían.

Tan digno acontecimiento se venía comunicando desde días atrás de boliche en boliche, con horario de paso por cada uno incluido.

Tal es así, que el primero que caía en el circuito era el de Don “Ramón Pozo Seco”, quien sufría de sordera y pretendía disimularla apoyando su enorme mano a la altura del oído expuesto para el lado de quien le hablaba.

Siguiendo estaba el de “Manitto”, hombre serio…,luego el “Club Nacional” y el antiguo comercio “Francois”, sin contar los vecinos a la vera de la ruta, alertados por tal conocimiento.

Maturo y Agustín, cubrieron sus cabezas con pasamontañas de lana previendo cualquier inclemencia frente al choque del viento, usaron boina blanca a falta de casco, golillas anudada al cuello, camisa blanca impecablemente almidonada, cuello de ballenas y Maturo se acomodó las antiparras de soldador y usó las chinches de los recados para atarse, como corresponde a un corredor de la ley, al asiento por la cintura.

Cumplidos todos estos requisitos, con media vuelta de manija de Agustín la máquina quedó en marta ante la emocionada despedida de rosario en mano como buenas devotas ante semejante audacia de sus hombres.

Salida violenta donde no faltó un derrape que levantó polvoreda y algún terronazo que se cubrieron como pudieron. Contra explosión y revuelo de los animales, estampida de los caballos y aparición sorpresiva de “Dina”, la chancha, que plácidamente dormía su cotidiana siesta en el charco barroso, y un nuevo alerta de las ponedoras entre las que se encontraban quienes fueron desalojadas, ya instaladas en las casillas previo acuerdo.

Pasado el momento se perdieron detrás de la polvoreda buscando pista, ya en la ruta y al escuchar a lo lejos el rugido, los vecinos salían y saludaban al paso siendo en el boliche de “Pozo Seca” donde se encontraba la mayor cantidad de espectadores

Don Ramón esperaba para saludas a los intrépidos vecinos a orillas de la ruta, rodeados por sus parroquianos, entre ellos el “Pariguela” Argello, mamao vitalicio de los distintos boliches de la zona en los cuales hacía escala en un improvisado Rally donde competía solamente él.

Calculando que lo hacía desde por lo me nos veinte años, lo convertía en un borrachera veinte añal ya que no se supo nunca que se le hubiera pasado.

No teniendo éste la menor idea de que se trataba tanto revuelo, se mandó pa´poder ser el primero en pegarles un abrazo, sin tener en cuenta la velocidad con que venían. Pudo evitarlo Don Ramon quien conociendo lo “querendón” del “Pariguella” lo sostuvo de un brazo al tiempo que Maturo y Agustín pasaban manos derecha en alto y al grito de ¡Iuuuuj…!, como señal de triunfo. Se perdieron en la curva encarando pa’l boliche de “Manitto” donde los esperaba más público, y desde el que seguirían hasta el pueblo donde se promocionarían en busca de ayuda aconómica, presentarían su mimada y rugiente máquina…

Ya caída la noche arremetieron la vuelta, donde según los propios dichos de Maturo ratificados por Agustín, a medida que avanzaba la máquina respondía cada vez mejor.

Fue ahí en plena ruta sorpresivamente se quedaron sin luz, lo que los obligó a frenar, apareciendo ésta de la misma forma que se fuera. Esto ya les hizo pensar: cosa ’e mandinga! Dado que se retiró varias veces siempre de la misma forma.

Enfrentarían lo que fuera juntos, arremetiendo con todo, pata a fondo pasando junto a la altura del boliche de “Pozo Seca”, Alto ‘el Piso Ford “T”, devorando la ruta con la Luna como testigo, y que fue ahí…,justo ahí cuando nuevamente y pa’espanto de los volantes…, la luz desapareció por atrás, y en ese momento, sin poder salir de su asombro y esforzándose pa’que le saliera voz Agustín murmuró…:-“Maturo ¡La Luz Maturo, La Luz, La Luz!”- fue entonces cuando frenó de golpe y apareció ésta nuevamente por delante de la máquina, hecho que equivaldría a haber superado la Velocidad de la Luz…Hazañas jamás igualada por ser humano en la tierra, ¡Palabras de Maturo y Agustín!!!



[1] Speaker: Locutor.

[2] 3 leguas: 15 Km.

VIENTOS HURACANADOS

Verano caluroso el de ese año, al que no le faltaron fuertes tormentas acompañadas de vientos y lluvias que aparecían sin previo aviso, arruinando en pocos minutos un día espléndido de playa forzando una rápida huida, sin faltar las clásicas voladoras de sombrillas. Mientras aún no terminabas de poner la ropa en el bolso, las zapatillas desaparecían mientras desesperado veías a lo lejos que tu sombrilla competía con las demás en una carrera no se sabe adónde.

Volvíamos en nuestras motos escapando a tanta amenaza que muy pronto se transformaría en torrencial lluvia, recorriendo lo más rápido posible el trayecto de la playa a la ciudad, cuando se descargó el inminente aguacero obligándonos a una escala en el “Bar de Bomfiglio”.

De antiguo frente como así su interior, verdadero exponente de una trayectoria de larga data frecuentado por parroquianos de distintos sectores pero con un mismo sentido común, donde las carreras de caballos, el truco y la quiniela afirmaban sus raíces regada por la inseparable caña, grapa y vinito tinto reflejados en los enrojecidos cachetes y brillantes ojos de los presentes.

Entre los parroquianos presentes apareció frente al mostrados la figura de “Maturo”, hombre de campo, instalado desde tiempo atrás en la ciudad y oriundo de la zona rural de Juan González, pagos que lo vieran transitar en sus tiempos de productor agropecuario en los que desarrollaba distintas actividades. Entre ellas la de prestador de los servicios de las tradicionales “Trilladoras”1 con las que corrían los distintos establecimientos en compañía de su hermano Agustín, asociado en la empresa contratista de marras, donde para realizar los trabajados necesitaban de carreros, fogoneros, horquilleros, cocineros, para los que establecían mientras duraran los trabajos, un campamento con sus clásicas “casillas”, carro de 4 ruedas cerrado con chapas usado como dormitorio, antecesor de los que hoy sería una “Casa Rodante”.

Estos datos sirven de preámbulo a los acontecimientos que “Maturo” pasaría a relatar en consecuencia de la furiosa tormenta veraniega que soportábamos, ya tranquilos e instalados en este refugio y en compañía de quienes poco les importaba lo que ocurriera afuera, cruzados en un “quiera” y “vale cuatro” mientras otros acodados al mostrador discutían si el tordillo de Ramón volvería a hacer un desastre en las carreras del Domingo, ya que como se comentaba, parece que el cuidador se había encargado de que durante cierto tiempo no se supiera de las cualidades del equino que por esas cosas ese Domingo sacudió las tribunas desbastando los bolsillos de las “fijas”…,y engrosando el de Don Ramón, hombre sabedor del manejo de su bien preparado pingo, dejando con la espina a todos para la próxima carrera…, y jugada.

No era de ninguna de estas partidas nuestro bien observado “Maturo”, quien luego de varias idas y venidas asomándose por la puerta, volvía una y otra vez al mostrador para calmar su aparente nerviosismo con un sorbo de cañita servida por el propio “Bomfiglio”, quien desde atrás de ese escenario cotidiano que era el mostrador, no perdía detalles a los reclamos de su servicio comercial y hacia las veces de interlocutor obligado frente a opiniones opuestas de los presentes.

En medio de los comentarios surgidos ante la situación meteorológica, “Maturo” abandonó el tono nervioso dando el último sorbo a la cañita, como para darse fuerzas mientras su pensamiento buscaba afanosamente la palabra justa para iniciar lo que hace rato preparaba, esperando ese momento para que su historia no cayera en el vacío.

Su larga experiencia, ya conocida por todos, de contador de aventuras lo transformaban en un audaz Quijote secundado por su hermano, quien hacía las veces del tradicional Sancho, y quien de haber estado presente afirmaría cada palabra con un movimiento de cabeza, y miraría seriamente siguiendo cada detalle de lo dicho por “Maturo”, al cabo fuera lo que fuera, supiera o no la historia que los involucraba a ambos, era “Palabra Santa” y no cabía dudas ni para él, ni para los demás presentes.

¡Esto no es nada!..., dejó sentir con voz segura y mirando a su alrededor para captar el grado de atención prestado por los demás, midiendo para zambullirse de lleno en la historia ya a esta altura completa en su mente, nadie escapó a la expectativa creada teniendo en cuenta la fama bien ganada por “Maturo” en estas ideas.

“Viento Mire…, fue el que aguantamos con mi hermano Agustín cuando estábamos trillando en la estancia ´e Bianchi en el año 45´, aquello fue una cosa ´e loco, se levantaron vientos arremolinados que ni para ´o se aguantaba uno, nos tuvimos que mandar de cabeza en la casilla que temblaba como vara verde. Ahí nomás pa poderlo meter a mi hermano lo tuve que manotear del cinto porque el viento se lo chupaba”

“Yo con las puertas y ventanas cerradas sentíamos cómo temblaba todo, aquello era tremendo mire, parecía que la casilla empezaba a bellaquear, fue ahí cuando abrí la ventana y miré pa´ aquí…, vi la punta de los eucaliptos abajo ´e la casilla, pa´ el contado andaba dando vueltas la trilladora, mi hermano tirado en el piso agarrándose de donde pudiera gritaba: -¡Este es el fin! Se acaba el mundo Maturo. Arrastrándose se asomó a la ventana y sentí un grito desesperado que me decía:- ¡Maturo estamos entre las nubes!- Llegue como pude para ver…, me asomé apartñandoo, tenía los ojos como a 5 centímetro afuera ´e las órbitas mire…, es en eso que me doy cuenta y le pegué el grito…¡Agistín, no son nubes…, estamos en medio de las 1.500 ovejas de Bianchi!!...”

Agradecimientos...

Nada se hace sin la ayuda y la colaboración de otros, que a la postre dan nacimiento a sueños que se transforman en realidad, de la cual de una manera u otra son parte del logro.

Por eso gracias querido Marito Vivanco porque tus ocupaciones dieron título a este libro, a mi hijo Luis Fernando en la difícil tarea de compaginar, a mis hijas Jennifer y Yamila, mis sobrinos Yanina, Gabriel, y Natalia y mi esposa Cecilia por darme apoyo para que estas historias dejaran de ser contadas sólo en rueda de familiares y amigos.